miércoles, 7 de mayo de 2014



LAS MANOS EN LA PIEL

John Collier
Dos manos. Sólo eso. Dos manos para hacer tu cuerpo hecho. No los dedos, sino las manos. Precisamente las palmas de esas manos. Desde las líneas que trazan futuros inconclusos, desde esas líneas irán brotando tus contornos. Del centro de las palmas haré la carne de tu cuerpo. Apoyaré mis manos en tu pecho y te crecerán los senos. Pondré mis manos debajo de tu cintura y las arrastraré apareciendo tus muslos, tus piernas, la sutileza de tus pies, pequeños y adormecidos.
Sólo una mano que sean dos que sea entonces la creación de mi Eva, de tú Eva, de nuestras Evas, eróticas y manantiales, agitándose en horas sin tiempos, en tiempos sin legados. Sólo hacerte para hacerme, y que me hagas para coronar las noches densas, noches sin humo, sin literatura, noches de inútiles esquemas.
Entonces tus lunas agitándose en las manos que te crearon. Tus piernas como guacamayos emplumados, azulesrojas, tus piernas temblando en su intrépido delirio. De pronto en cuanto quiero: apoyo mi mano debajo de tu nariz y nace una boca que gime. Te invento manos que se prenden de mi espalda como el agua de las rocas. Muerdo mis palmas y te soplo ojos en tu rostro. Me miras en la oscuridad. Yo veo detrás de ellos, me hundo en ellos: entrando en un infierno donde todo esta hecho con tu cuerpo, un trono donde descansa tu plena perversidad, virtud que sólo dejas salir cuando mis manos hacen de tu cuerpo lo que en libertad eres: una perra sin paraíso.



Juan Facundo Herrador

«Doretuá»